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sábado, 20 de agosto de 2011

Sinfónica - 20 de agosto 2011


Los "Conciertos para la familia" de la OSCH son una bonita iniciativa musical en la cual se presenta una especie de mega mix de clásicos (recortando las obras maestras y pegándolas de tal manera que siga la lógica de determinado programa).
Hoy, fue el turno del ritmo. Y de la danza. En realidad, del minueto. Ritmo no tan "familiar" como se quisiera, pero sin duda, el más sinfónicamente relevante.
La dirección estuvo a cargo de Eduardo Browne, como toda esta serie de conciertos, y la impresión que me dejó en lo personal fue de soberana fomedad. Con todo respeto. Tengo más de un pero con el pegoteo del día de hoy.
En primer lugar, el programa siguió la siguiente lógica:
Bach, Mozart, Beethoven, Strauss, Brahms, Ginastera, Giuliani (obra ganadora en concurso de los estudiantes de UCH, segundo y tercer movimiento de concierto para guitarra), Kodaly, Ravel. Detalles del programa en http://ceac.uchile.cl/temporada-2011/
Un pegoteo que parte con una lógica más o menos razonable y que de a poco se va fragmentando y mezclando cosas tan opuestas como Brahms y Ginastera... o sea, se podría decir que obedece a una lógica de oposiciones... pero si no viene con esa lógica entonces no se entiende. Y aquí la mayor crítica, los músicos de la sinfónica se ven lateados, como aburridos y sosos... seguro no les gusta hacer estos conciertos para la familia, o quizá ya estaban agotados de haber tocado el pegoteo sólo una hora antes.
De todas maneras, Browne al menos hace un intento sensato de acercar estas obras (y conceptos) a un público nuevo. Punto para Browne. Peeero, por qué no hacerlo con un programa que tenga menos obras (los niños se van mareados) y sobretodo, obras entretenidas. O incluir elementos externos (sobre todo si el programa se llama "A bailar!"). A mi modo de ver, un Concierto para la Familia debería durar 45' (no 75') y ser más dinámico y cercano. Si ya van a hacer el pegoteo, entonces habrá que realmente hacerlo. Con todo, al menos se está haciendo, aunque los músicos rezonguen entre movimientos.


jueves, 28 de julio de 2011

Orquesta de Cámara de Chile - 26/07


El programa ofrecido el pasado martes 26 de este mes en el Teatro Municipal de Las Condes por la Orquesta de Cámara de Chile fue un crisol de repertorio trascendentísimo para cualquier aficionado de lo docto.
Bajo la dirección de Juan Pablo Izquierdo, el programa constó de dos partes: la primera, se tocó el tercer concierto Brandenburgués de J. S. Bach con una sección un tanto más de cámara, en la que se lució la fluidez del clavecinista y la musicalidad de la contrabajista. La versión fue bastante clásica y uno no quisiera ya tener un director para "estas músicas", es decir, los gestos de Izquierdo tuvieron más relación con las expectativas del público que una función netamente musical. Dejó también un tanto que desear el comienzo que parecía un poco desarmado.
La segunda obra, en el contexto de esta primera parte del concierto, fue la contrastante Suite Pulcinella de I. Stravinsky. En ésta se veía mucho trabajo, me pareció muy bien el trabajo de Izquierdo con la orquesta en el cómo tomar los distintos y constrastantes carácteres de los movimientos. Destacada de nuevo la contrabajista con su solo famoso del Pulcinella, muy difícil y rico en colores... y en rítmica.
En la segunda parte del concierto se ejecutó la Tercera Sinfonía de Beethoven, Heroica. La maduración de esta pieza parece haber estado en su punto más alto. A pesar de algunos aspectos menores (como el sonido del oboista, que me pareció cliché y anticuado), todos los músicos parecen haber conspirado con Izquierdo en esta versión tan cercana a lo que hemos siempre entendido como beethoveniana, un tanto caprichosa... dulce y agresiva. Me gustó muchisimo. Eso sí... tal vez es demasiado gesto, pero ¿se puede realmente exagerar a Beethoven? ¿o siemplemente habrá que dejar de lado lo galante?
Le pongo un 6,7 al concierto, daditativa.



lunes, 18 de julio de 2011

Concierto OSCH - viernes 15 de julio


En el concierto del pasado viernes 15 de julio, el programa fue bastante extenso y agotador, con dos muy grandes e importantes obras del repertorio tradicional. Tuvimos, primero, el concierto para piano número 2 de Brahms, con el jovensísimo Gustavo Miranda al piano y el Réquiem de Mozart a cargo de miembros de la OSCH y la Camerata Vocal de la misma Universidad. Todo a cargo del director ruso Víctor Yampolsky.
La primera parte me pareció muy buena. El virtuosismo y precisión de Miranda parecen hazañas que hace un buen tiempo no había presenciado en las salas de Santiago; sin embargo, la actitud de "florerito de mesa" del pianista fue más que perturbadora. Distrae de la solemnidad que uno espera de un Brahms, donde manda la música y no el solista; es cierto, uno siempre espera que el solista se luzca... con su virtuosismo, su energía y su entrega a la música. Pero todo esto fue opacado por la actitud petulante del pianista, ahogado en elogios. Sin embargo, si uno permanecía con los ojos cerrados el sonido era muy bueno, de excelente nivel sin lugar a dudas.
(Para más info: http://ceac.uchile.cl/2011/07/10/promesa-chilena-del-piano-debuta-con-la-sinfonica/)
La segunda parte del concierto, a saber, Réquiem de Mozart, una de las tantas obras maestras y místicas del compositor, fue llevada a cabo por parte de la OSCH y la Camerata Vocal de la UCh de manera excelente. La versión del director ruso no fue la que cualquiera esperaría por estos días, de un uso más bien "antiguo" en cuanto al tipo de versión, con tempos lentos y un poco pesantes que recuerdan un poco a Celibidache, logró dar al público una versión consistente, coherente y redonda de esta pieza. Las voces impecables, como se podría esperar de este conjunto de cámara. Los solistas, a mi parecer, tuvieron su problema en el tenor, quien parecía no estar rindiendo a su 100%; así, destaco en particular a Nora Miranda, quien con su maravilloso instrumento y musicalidad logró emocionar a todos (sobre todo en el número Lacrimosa del Réquiem), sin duda, se come por mucho al resto de los solistas. Habría que hacer la salvedad de un aspecto netamente acústico: la camerata, junto con sus solistas, se encontraban al fondo del escenario... ¡error garrafal! eso hizo que se perdieran todos los armónicos altos del sonido de los cantantes y el sonido partió un poco opaco, eran pocos cantantes y la versión fue bella... pero su ubicación jugó en contra.
Algo tengo que decir también de la programación, que puso dos obras demasiado grandes para ir en un mismo programa... Corregible, en todo caso... no todos le tienen paciencia a los grandes.
Con todo, le pongo un 6,4 al concierto...